GÉNERO
La obra pertenece al género dramático, ya que fue escrita para ser representada en escena, por unos actores, frente a un público y sobre un escenario. Ese es su objetivo central, su razón de ser, aunque eso no quita que también pueda ser leída y disfrutada como un cuento o una novela.
Por eso, no hay un narrador que conduzca la acción, si no que nos enteramos de lo que pasa a través de los diálogos entre los personajes. Además, el texto dramático incluye acotaciones escénicas o didascalias, que son aclaraciones en bastardilla relativas a la puesta en escena que el autor coloca para guiar al director teatral.
Por otra parte, la obra está dividida en actos (marcados en escena por la bajada del telón), a su vez divididos en cuadros (marcados por cambios de escenografía) y escenas (marcados por la entrada y salida de personajes).
TÍTULO
En primer lugar, la preposición “de” indica posesión. Que el título sea La casa de Bernarda Alba, y no, por ejemplo, La casa de la familia Alba, nos anticipa que la que manda allí es Bernarda: como ella misma lo expresa, la única ley en la casa es la suya, y permanentemente se propone imponer su autoridad y voluntad a todas las demás habitantes. Bernarda es la dueña de la casa y de todo lo que hay en ella.
En segundo lugar, el título adelanta cuál será el espacio escénico: todo lo que se ve en escena transcurre dentro de la casa, y lo que ocurre afuera sólo lo sabemos por lo que las hijas logran escuchar o espiar por las ventanas o por lo que cuentan los invitados. Bernarda procura mantener la casa aislada de toda influencia exterior, por lo que la diferenciación entre el “adentro” y el “afuera” se convierte en uno de los ejes de la obra (ver “Espacio”).
SUBTÍTULO
En primer lugar, la palabra “drama” tiene una doble significación: remite al género al que pertenece la obra, y al mismo tiempo anticipa que nos encontraremos con personajes sufriendo y con un desenlace angustiante.
Debe aclararse que es un drama y no una tragedia porque el final de Adela no responde al del modelo clásico del héroe trágico. Este no debe su caída a algún vicio de carácter, sino a algún error disculpable del que no es conscientemente culpable. Ignora su condena, establecida antes de su nacimiento por una culpa que no le pertenece. Por el contrario, Adela se enfrenta a su desgracia por decisión propia al suicidarse. Decide su propio destino, prefiere la muerte antes que la deshonra y la posibilidad de correr la misma suerte que la hija de la Librada. Pensaba exiliarse con Pepe el Romano, quien representaba para ella la libertad y la posibilidad de huir de la prisión que era de la casa, pero cuando lo cree muerto se siente desprotegida y, conociendo su entorno, sabe que no será aceptada.
Además, aunque no pertenece a la época del drama burgués, tiene ciertas características de este género (representa a la pequeña burguesía rural; trata conflictos burgueses, como la relación amor-dinero, el “qué dirán”; hay exhaustivas descripciones del espacio escénico para crear en el espectador la ilusión de que lo que se presenta ante él está ocurriendo en ese mismo momento –ver definición de drama burgués).
En segundo lugar, “drama de mujeres” no se refiere exclusivamente al de las hijas de Bernarda, sino que éste sólo es tomado como ejemplo de un “drama” mucho más general: el del género femenino que, a diferencia del masculino, históricamente ha enfrentado prejuicios y presiones sociales en lo relativo al deseo sexual y al erotismo.
Por último, lo de “pueblos de España” tiene relevancia por dos motivos. Primero, porque en la vida pueblerina la preocupación por el “qué dirán”, una de las grandes cuestiones de la obra, está mucho más arraigada que en las grandes ciudades. En los pueblos todos conocen la vida de los vecinos (“pueblo chico, infierno grande”), mientras que ubicar la acción en una ciudad hubiera sido inverosímil. Por otro lado, habla de España porque esa es la cultura que García Lorca conoce a la perfección.
ESTRUCTURA EXTERNA (división en actos)
La obra está dividida en tres actos (ver “Género”). En el primer acto se presentan las personajes y se introduce el conflicto, que se insinúa con la discusión entre Bernarda y Adela. En el segundo, se desarrolla el conflicto y se lo lleva a su punto cúlmine, alcanzado en el robo del retrato y la pelea entre las hermanas. En el último acto, se produce el desenlace angustiante: el suicido de Adela.
TIEMPO
Cada acto transcurre en un momento distinto (mañana, mediodía y noche) de tres días diferentes del mismo verano (hay constante alusión al calor –ver “Simbología” –). Por lo menos transcurre un mes entre cada uno de esos días (en el primer acto, Bernarda decreta que el ajuar de Angustias se empezará a bordar cuando se cumpla un mes de duelo; en el segundo, ya están bordándolo; y en el tercero, faltan tres días para que Pepe el Romano pida la mano de Angustias).
Además, hay referencias precisas de la hora del día en que suceden los acontecimientos, tanto en los diálogos de los personajes como en el toque de campanas de la Iglesia.
ESPACIO
Toda la obra se representa en el interior de la casa. Sin embargo, hay una escena “no visible”, la del mundo exterior, que es tan importante como la otra, ya que a pesar del esfuerzo de Bernarda por mantener el aislamiento, los acontecimientos del “afuera” influyen directamente en el comportamiento de los personajes.
En el encierro de la casa están Bernarda y sus hijas oprimidas; afuera, los hombres, los segadores, las otras mujeres, Pepe el Romano, la orilla del mar, el campo: en definitiva, la vida y la libertad. Cada una de las hermanas, a su manera, desea salir a ese mundo, por lo que la separación entre el “adentro” y el “afuera” constituye uno de los ejes de la obra. En torno a ella se enfrentan el autoritarismo de Bernarda y la rebeldía de Adela.
Por otra parte, muchas acciones de trascendencia ocurren fuera de escena: los encuentros con Pepe el Romano, el asesinato de la hija de la Librada, el disparo de Bernarda, el suicidio de Adela.
Además, el espacio aludido del corral tiene una importancia simbólica relacionada con la sexualidad y el erotismo. Allí mantienen relaciones Adela y Pepe, allí se encontraban la criada y su marido y allí está guardado el caballo que golpea los muros (ver “Simbología”).
Los “gruesos muros” representan el encierro inviolable que padecen las mujeres. Además, tienen particular importancia las acotaciones escénicas del principio de cada acto. Las paredes son primero blanquísimas, luego blancas y finalmente blancas ligeramente azuladas. Esta degradación del color blanco simboliza la degradación de la pureza y el ascetismo que Bernarda intenta imponer a sus hijas.
Por otra parte, este espacio es una casa únicamente para Bernarda, ya que tanto para las hijas como para María Josefa representa una prisión. Esto se relaciona, a su vez, con el título, ya que la preposición “de” no sólo indica posesión, sino también que sólo Bernarda siente ese espacio como un hogar.
PERSONAJES
Bernarda Alba: es la protagonista y quien le da el nombre a la obra. Su preocupación central es el “qué dirán”, y todas sus actitudes y rasgos de personalidad giran en torno a esa cuestión (esto queda claramente demostrado en su reacción ante el suicido de Adela). Es autoritaria, violenta y controladora.
Intenta mantener a sus hijas aisladas de todo contacto con el exterior, porque cree que así seguirán el camino de la pureza, la castidad y la honra. Considera que la vida es para vivirla como se “debe” y no como se “quiere”, y cosecha odio al imponer ese dogma a sus hijas.
Además, es necia, obstinada y negadora (“Aquí no pasa nada”), no quiere asumir el conflicto que se va instalando y no escucha las advertencias de La Poncia. La negación de lo evidente es su debilidad, porque por allí se filtra la trasgresión a su orden y ley.
“Bernarda” quiere decir “con fuerza y empuje de oso”, mientras que “Alba” se relaciona con la blancura, símbolo de la pureza y el ascetismo que tanto la obsesionan.
Adela: es la más joven de las hermanas (20 años) y la que trasgrede sin disimulos la autoridad de su madre. Su rebeldía y vitalidad, enfrentadas al autoritarismo de Bernarda, se convierten en uno de los temas de la obra. Actúa guiada por su instinto sexual y su deseo de libertad, y quiebra el poder de su madre permanentemente. Esa rebeldía queda simbolizada en las escenas del vestido verde, el abanico y el bastón (ver “Simbología”) Es decidida y resuelta, no se deja influenciar por lo que otros personajes le sugieren. Por eso el significado de su nombre, “de carácter noble”, sólo es aplicable al comportamiento de Adela con su propia conciencia.
Siente atracción sexual por Pepe el Romano, aunque no puede decirse con certeza si verdaderamente lo ama.
Angustias: es la mayor de las hermanas (39 años) y es hija del primer matrimonio de Bernarda. Es la única que tiene dinero (su padre le dejó una importante herencia) y por lo tanto la única con oportunidad de casarse. Su nombre alude a su situación de aflicción y frustración: es una mujer bastante vieja, con poco éxito con los hombres, nunca ha tenido novio, teme que su hermana menor le robe a su prometido y nadie es gentil con ella. Entre las hermanas, es una de las que acepta con mayor sumisión el mandato de Bernarda. De alguna manera, es una víctima.
Al igual que Adela, no está enamorada de Pepe el Romano, sino que él representa para ella acaso la última oportunidad de escapar del encierro impuesto por Bernarda, ya que difícilmente vuelva a encontrar un pretendiente.
Martirio: tiene 24 años. Es fea (y tiene una joroba), pero se convence a sí misma de que eso es una bendición porque la mantiene a salvo de los hombres. Es miedosa, reprimida y obedece mecánica y exageradamente las órdenes de su madre. Pero en el fondo, está resentida por su fracaso con los hombres y en especial con Pepe el Romano, a quien ama íntimamente sin animarse a asumirlo y confesarlo. Por eso envidia a Adela, tanto por su relación con Pepe como por su actitud liberal y resuelta. Ese resentimiento la lleva a “martirizarse” a sí misma (de allí su nombre) y a atormentar constantemente a su hermana, intentando frustrar su romance con Pepe.
Precipita el desenlace fatal cuando le miente a Adela y le dice que Bernarda mató a Pepe.
La Poncia: su nombre alude a Poncio Pilatos, ya que intenta lograr el entendimiento entre las partes en conflicto (Bernarda y sus hijas, o entre hermanas) pero cuando no lo consigue “se lava las manos”. Representa la experiencia, el saber popular y el sentido común. Tiene una relación particular con Bernarda, para quien trabaja hace muchos años: cuando está a solas con la criada habla pésimo de su patrona, pero luego actúa como su consejera y a veces es aduladora con ella. Varias veces en la obra intenta advertirla de lo de Pepe y Adela, pero Bernarda se niega a escucharla y La Poncia, por temor a cómo pueda reaccionar, prefiere no insistir. Es la menos conflictuada dentro de la casa y la única que ríe.
Su función en la obra es intermediar entre el “afuera” y el “adentro” y entre Bernarda y sus hijas. Intenta lograr el entendimiento entre las partes para evitar un desenlace negativo, pero cuando no lo logra se desentiende del problema. Cumple el rol de consejera, tanto de Bernarda como de Adela, a quien le recomienda olvidarse de Pepe.
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Uno de los ejes de la obra es el “cuadrilátero amoroso” que existe entre Pepe el Romano, Angustias, Martirio y Adela. La presencia de Pepe genera un conflicto permanente entre las hermanas, ya que las tres lo pretenden.
Sin embargo, la única que está realmente enamorada de él es Martirio, que reprime su sentimiento y lo máximo que llega a hacer es robarse el retrato. Al mismo tiempo, intenta frustrar la relación de Pepe con Adela, a quien envidia y “martiriza”.
Adela no está enamorada de Pepe, sino que él únicamente despierta su deseo sexual. Representa para ella la posibilidad de liberarse y de abandonar la casa, y eso es lo que en realidad la atrae. En un parlamento, Adela asegura que dentro de poco tiempo se fugará con Pepe a otro pueblo.
Angustias, por su parte, tampoco ama a Pepe. Lo considera como la última posibilidad que quizás tenga de casarse y por lo tanto de salir al mundo exterior, ya que tiene 39 años y poco éxito con los hombres.
En cuanto a Pepe, quiere casarse con Angustias sólo por el dinero que heredó de su padre, mientras que siente por Adela la misma atracción sexual que ella por él. No sabe nada de Martirio, ya que ella nunca se anima a revelarle su amor.
ESTRUCTURA INTERNA (de cada acto; simetría)
Los tres actos tienen una estructura interna idéntica. Comienzan con una situación cotidiana con clima de calma, siguen con una situación conflictiva con clima de tensión y terminan con una situación violenta con clima de rigidez.
El primer acto empieza con la vuelta de la misa, sigue con la discusión entre Bernarda y Adela y termina con el encierro de María Josefa.
El segundo acto comienza con las mujeres preparando el vestido de Angustias, continúa con el robo del retrato y la discusión entre las hermanas, y concluye con la muerte de la hija de la Librada.
El tercer acto se inicia con la cena a la que asiste Prudencia, sigue con el encuentro entre Adela y Pepe y finaliza con el suicidio de Adela.
Por otra parte, hay elementos en la obra que le dan un carácter cíclico y simétrico:
-todos los actos comienzan con la palabra “ya”;
-la obra empieza y termina con una muerte (la del padre de las hermanas y la de Adela);
-lo primero y lo último que dice Bernarda es “¡Silencio!” (así, demuestra su negación y ocultamiento respecto de lo que ocurre dentro de la casa);
-las campanadas de la Iglesia se oyen varias veces en la obra;
-los tres actos empiezan con escenas domésticas y estáticas.
TEMAS
Los temas centrales de la obra son el deseo de libertad, el “drama” de ser mujer en una sociedad prejuiciosa (ver “Subtítulo”), y el enfrentamiento entre autoritarismo y rebeldía.
Además, aparecen la hipocresía social y la preocupación por el “qué dirán”, la forma de vida en los pueblos rurales, la envidia y el odio, el deseo sexual y el erotismo y la frustración amorosa.
SIMBOLOGÍA
En La casa de Bernarda Alba, García Lorca introdujo una proliferación de elementos simbólicos que se relacionan con el contenido de la obra.
-Calor: aludido a lo largo de toda la obra, se vincula con el erotismo y con la exacerbación del deseo sexual de las hermanas. Además, supone para los personajes la necesidad de mantener las ventanas abiertas y de utilizar menos ropa.
-Bastón: símbolo del poder de Bernarda, su ruptura por parte de Adela representa el desafío a la autoridad de su madre.
-Abanico: también es un indicio de la rebeldía de Adela, que en pleno luto le da un abanico con flores rojas y verdes a Bernarda.
-Color negro: primero simboliza el luto por el padre de las hermanas; luego, cuando Bernarda y Martirio aparecen en escena cubiertas por mantones negros, funciona como augurio de la muerte de Adela.
-Color verde: representa la rebeldía de Adela, que rompe con el luto y se pone un vestido verde para encontrarse en el corral con Pepe el Romano.
-Color blanco: la blancura de las paredes simboliza la pureza y el ascetismo que Bernarda intenta imponer a sus hijas. La degradación indicada al principio de cada acto representa la degradación de tales valores en las hermanas.
-Caballo: simboliza erotismo y pasión sexual. Habita en el corral donde se encuentran Adela y Pepe, y donde al mismo tiempo hay animales en celo. La escena en que golpea los muros se vincula con el creciente deseo de libertad de las hermanas.
-Oveja: representa maternidad y fecundidad. Aparece en manos de María Josefa, que a sus ochenta años sueña con casarse y tener un hijo.
-Perros: aparecen rondando la casa. Representan la sumisión, casi al punto de la animalización, de las hijas a Bernarda.
-Sal: en la cena con Prudencia, el derroche de sal es un mal augurio que anticipa la cercana muerte de Adela.
-Agua: el agua estancada simboliza la muerte, mientras que el agua que corre simboliza la vida, la libertad y la posibilidad de cambio. La tormenta marca el momento culminante, la liberación de la opresión, mientras que la orilla del mar es mencionada varias veces por María Josefa como un destino deseable.