3 de julio de 2009

primeras señales de vida de quarle

Jueves 2 de julio de 2009

Actividades para 2º año:

· Leer el texto Feudalismo, de Historia Medieval y Moderna del siglo V al siglo XVII, y realizar la actividad que propone al terminar el tema.

Información complementaria para realizar la actividad

Los campesinos:

La economía campesina

La sociedad feudal se caracterizó por estar organizada sobre la base de una economía campesina, en la cual la mayor parte de la población cultivaba la tierra y criaba animales. Cada familia funcionaba como una unidad de producción. La finalidad principal de la actividad económica fue producir lo necesario para la subsistencia. Pero los campesinos también debían producir para sostener económicamente a la nobleza guerrera y sacerdotal. Fue por ello que las economías campesinas debían producir más que lo que la familia de un campesino necesitaba para vivir. Así generaban un excedente de producción que pasaba directamente al sector privilegiado: a los señores feudales guerreros y sacerdotes que no trabajaban la tierra.

La sociedad campesina

Los campesinos se agrupaban en aldeas. Alrededor de las aldeas se extendían campos abiertos (mansos o tenures) en los que se entremezclaban las franjas de tierra de las diversas explotaciones familiares. A partir de los límites de las tierras de cultivo se extendían los bosques y baldíos en los que la comunidad rural tenía derecho a recoger leña, frutos silvestres y cazar.

Además de los campesinos, en estas comunidades también había personas que realizaban otras actividades. Eran los artesanos; que trabajaban la madera, el cuero, los metales. Sus trabajos eran usados para el trabajo y la vida cotidiana.

Entre los campesinos el grupo más importante fue el de los siervos de la gleba, estos campesinos no eran propiedad del señor, pero estaban sujetos a la tierra del señor, debían trabajarla y no podían abandonarla.

Las obligaciones que se consideraban prueba de servidumbre eran:

· Derecho del señor a quedarse con todos los bienes del siervo a su muerte.

· Los siervos no podían contraer matrimonio sin pagar una tasa, ni casarse con una mujer ajena al dominio, sin autorización.

En cuanto a los trabajos gratuitos o prestaciones en especie, estas gravaban a todos los campesinos:

· Pago de un impuesto o tributo anual (la talla)

· Pago de impuestos por el uso del molino, el lagar y el horno.

· Obligación de trabajar cierta cantidad de días en la reserva señorial.

Los Señores

La nobleza guerrera y la jerarquía eclesiástica

Los señores feudales constituían el grupo privilegiado de la sociedad feudal. Estaba formado por una nobleza de guerreros y de religiosos de alta jerarquía.

La nobleza guerrera vivía en los castillos y sus principales ocupaciones eran la guerra y los torneos de combates entre caballeros. Su número era escaso, algunos poseían grandes latifundios. Sus ingresos procedían de los tributos que les pagaban sus campesinos por el usufructo de las tierras.

La nobleza fue un estrato social muy jerarquizado: no todos eran iguales. El grupo social más elevado lo ocupaba la aristocracia militar y terrateniente, formada por laicos y religiosos. Por debajo de ellos se encontraban los caballeros. Comparado con los anteriores, era un nivel social un poco más abierto, se podía acceder a él gracias a la fortuna o al mérito logrado por el servicio militar para un señor. Los caballeros crecieron numéricamente a partir del siglo XII y con el tiempo tendieron también a cerrarse como grupo, transformándose en un grupo social hereditario. La aristocracia guerrera y los caballeros se diferenciaron por sus propiedades y por su prestigio social. Los miembros de la aristocracia, una minoría, no sólo dominaban al campesinado sino también al resto de la nobleza. Controlaban el poder político heredado de la fragmentación del poder central y tenían las mismas atribuciones que los reyes: cobraban tributo, acuñaban moneda, administraban justicia y formaban ejércitos. Eran los duques, condes y marqueses, verdaderos soberanos en sus territorios.

Los nobles de menor jerarquía se vincularon a los de mayor jerarquía mediante vínculos de vasallaje, esto quedaba establecido en un contrato feudal donde el vasallo le rendía homenaje al señor (jurándole fidelidad y reconociéndose como su hombre) y el señor le entregaba la investidura (que consistía en la entrega de un feudo). Generalmente el contrato se estipulaba en ceremonia pública y ante testigos; aunque después del siglo XII se empezó a dejar por escrito. El vasallo se comprometía a:

· Serle fiel a su señor

· Auxiliarlo con sus armas toda vez que lo necesitara para formar sus ejércitos.

· Prestarle consejo cuando lo requiriera.

· Contribuir para pagar el rescate si su señor era hecho prisionero, o para formar la dote de sus hijas.

· Someterse a la justicia señorial.

El señor se comprometía a defender el feudo y darle justicia al vasallo.

El feudo se podía heredar, pero siempre que se cumpliera el homenaje y la investidura, el incumplimiento del contrato feudal significaba la pérdida del feudo.

Todo propietario de un feudo era a la vez señor y vasallo, el rey era el señor soberano, porque de él dependían los grandes señores, que constituían la aristocracia guerrera y las altas jerarquías del clero, ya que había feudos laicos y eclesiásticos.

· De la Selección de Fuentes y Bibliografía: Señores y Campesinos, pp.17 y realizar la actividad propuesta.

· Lea el texto que sigue a continuación, marque las ideas principales y redacte un texto explicativo sobre el feudalismo teniendo en cuenta lo estudiado y las ideas extractadas del texto.

“El carácter de la sociedad del siglo IX. […] la Europa occidental, desde el siglo IX, ofrece el aspecto de una sociedad esencialmente rural y en la que el intercambio y la circulación de los países se restringió al grado más bajo que podía alcanzar. La clase mercantil ha desaparecido en dichas sociedades. La condición de los hombres se determina ahora por sus relaciones con la tierra. Una minoría de propietarios eclesiásticos o laicos detenta la propiedad; debajo de ellos, una multitud de colonos está distribuida en los límites de los dominios. Quien posee tierra posee a la vez libertad y poder; por eso, el propietario es al mismo tiempo señor; quien esta privado de ella queda reducido a la servidumbre: por eso la palabra villano designa a la vez a un campesino y a un siervo. Poco importa que, en casos aislados dentro de la población rústica, algunos individuos hayan conservado por casualidad la tierra y, por lo tanto, su libertad personal. Como regla general, la servidumbre es la condición normal de la población agrícola, es decir, de todo el pueblo. Sin duda, hay muchos matices en esa servidumbre, en la que se hallan al lado de hombres que viven en una condición muy parecida al del esclavo antiguo, descendientes de pequeños propietarios desposeídos o que se sumaron voluntariamente a la clientela de los latifundistas. El hecho esencial no es la condición política, sino la condición social, y ésta reduce al papel de dependientes y de explotados, pero a la vez de protegidos, a todos los que viven en el dominio señorial.

Preponderancia de la Iglesia. En ese mundo rigurosamente jerárquico, el lugar más importante y el primero pertenece a la Iglesia. Ésta posee, a la vez ascendiente económico, ascendiente moral. Sus innumerables dominios son tan superiores a los de la nobleza por su extensión como ella misma es superior a la nobleza por su instrucción. Además, sólo ella puede disponer, merced a las oblaciones de los fieles y a las limosnas de los peregrinos, de una fortuna monetaria que le permite, en tiempo de hambre, prestar su dinero a los laicos necesitados. En fin, en una sociedad que ha vuelto a caer en una ignorancia general, sólo ella posee estos dos instrumentos indispensables a toda cultura: la lectura y la escritura, y los príncipes y los reyes deben reclutar forzosamente en el clero a sus cancilleres, a sus secretarios, a sus “notarios”, en una palabra, a todo el docto personal del que le es imposible prescindir. Del siglo IX al XI, toda la alta administración quedó, de hecho, entre sus manos. Su espíritu predominó en ella lo mismo que en las artes. La organización de sus dominios es un modelo que en vano tratarán de imitar los dominios de la nobleza, pues sólo en la Iglesia se hallan hombres capaces de establecer polípticos, de llevar registros de cuentas, de calcular los ingresos y los egresos y, por lo tanto, de equilibrarlos. La Iglesia, pues, no fue sólo la gran autoridad moral de aquel tiempo, sino también un gran poder financiero.

Ideal económico de la Iglesia. Su concepto del mundo se adaptó admirablemente a las condiciones económicas de aquella época, en la que el único fundamento del orden social era la tierra. En efecto, la tierra fue dada por Dios a los hombres para ponerlos en posibilidad de vivir en este mundo pensando en la salvación eterna. El objeto del trabajo no es enriquecerse, sino mantenerse en la condición en que cada cual ha nacido, hasta que de esta vida mortal pase a la vida eterna. La renunciación del monje es el ideal hacia el cual debe dirigir la mirada toda la sociedad. Tratar de hacer fortuna es caer en el pecado de avaricia. La pobreza es de origen divino y de orden providencial. Pero corresponde a los ricos aliviarla por medio de la caridad, de la que los monasterios dan ejemplo. El excedente de las cosechas se debe, por consiguiente, almacenar en granjas para que se pueda repartir gratuitamente, en la misma forma que las abadías distribuyen gratuitamente los anticipos que se le piden prestados en caso de necesidad”.

PIRENNE, HENRI, Historia económica y social de la Edad Media, Introducción, pp.16 y 17, F.C.E., México, 1969.

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